Cuando
se transite hacia la vida y las palabras no importen y veamos a los amigos
volver para abrazarnos, entre el nuevo esplendor sabremos entonces que hemos
llegado. En tan poco espacio que dura un segundo la mente es pródiga en recrear
vivencias. Mucho impide descifrar con calma la súbita caída. Es tal la
impresión sufrida que al propio vuelo estorba la vida. Provoca cerrar de golpe
los ojos, ante el impacto que avecina. Todas las manos en coro aciertan
despedir la virgen que se entrega. El amor viaja hacia la luz sin miedo.
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